...generalmente los lunes por la tardecita, en la ciudad de San Francisco se reúne un grupo de personas a escribir y a motivarse a escribir, a fabricar bollitos de papel con misterios en su interior, a escribir, a leer, a escuchar, a hacer bollitos de papel, a escribir...

31 julio 2005

::: H O G A R :::

si hay puertas, hay adentro y hay afuera.y si no hay puertas?dónde rompen las olas del mar si no hay arenas?las puertas están de más, gracias; no las necesitosi hay casa, hay lugar. y si no hay casa?si no hay mar, dónde queda toda esa fuerza incontrolable?si la casa era un hogary la casa ya no está,qué pasa con el hogar?si el hogar era tan sólo una casa,el hogar nunca fue hogar,siempre fue tan sólo casa...y,sino,está siendo,de miles de formas diferentes,se está reproduciendoy el no tener casahace que el hogargermine de modo impensadohacia formas otrasde las calculadasquizás en ese camino se pierdangemas valiosísimaspero de eso se trata el tránsito:del paso de tener casa a dejar de tenerla:de suprimir lo escasamente superficialpara hallar en lo ocultoen lo dejadolo que el hogar nunca dejó / nunca ocultóla casa se vay así las golondrinas,peregrinan rumbo de estaciones más alegresbuscan devenires otros;eliminando el punto de referencialos puntos de fuga se disparandescubriendo fisurasy horizontes múltiples.una casa es una casacon puertas o sin ellasun hogar es un hogarcon casa o sin ella.

PABLO PELADO RODRÍGUEZ
para laspuertassondeadorno

29 julio 2005

Bolitas de pelusa en ombligos

TEXTOS SURGIDOS EN TALLER LITERARIO SANFRANCISQUEÑO/29-05-05
A PARTIR DE LA IMÁGEN: "UNA BOLITA DE PELUSA EN EL OMBLIGO"

* Una bolita de pelusa en el ombligo 1
Una bolita de pelusa en el ombligo.
Dos tostadoras al unísono dándome
pan para hoy / hambre para mañana
¿Una bolita de pelusa en tu ombligo?
Tus lentes oscuros / tus ojos secos
¿Una bolita de pelusa en mi ombligo?
Se enfrían las tostadas.
Un perro cualquiera ladra
mientras tengo una visión
/ un perro cualquiera ladra afuera
en el patio
mientras sobre mi papel en blanco
oigo un perro ladrar.
Una bolita de pelusa en el ombligo.
Una misma imágen que nos trae y que nos lleva.
Nuestras miradas atraídas -coincidentemente- por un mismo punto pelusal
/ nuestras miradas encontradas en un punto medio
15º más al norte del anterior.
Una cama y sus quejidos
sus golpes a una pared que se resquebraja
fumo un cigarrillo
estás aseándote en el baño
dejás las dos tostadoras en suspenso
me querés hacer un rico desayuno
miro la nada desde la cama
el televisor apagado
y más arriba el espejo
y las fotos de mamá y papá que ya no están.
Tus lentes oscuros / tus ojos secos
nada te conmueve
me decís te amo desde la puerta del cuarto
no te oigo con claridad
mi mano derecha sostiene un Parliament a medio fumar / ceniza gigante
mi mano izquierda / bolígrafo piensa
hoja en blanco sobre mi viril desnudéz.
Me distrae el ladrido de un perro afuera
en el patio, creo.

* Una bolita de pelusa en el ombligo 2
"¿Qué me vas a decir cuando me quiera ir?"
El grito de Jesusa, actríz bárbara desde la ventana mira
no conforme con su trabajo, protesta,
mirada perdida en un espejo.
me acuerdo de una bolita de pelusa en el ombligo
no me acuerdo en el ombligo de quién
todo eso recuerdo mientras Jesusa se rasguña
y llora y grita
pese a su silencio
la miro y estoy recordando ese ombligo
pelusa ahí tan metidita
yo y mi distracción
Jesusa implora
quiebran el espejo sus manos
sangran sangran
Jesusa se atraviesa los ojos con vidrios rotos
cae
veo entrar a Rafael al cuarto
oigo el estruendo de un disparo
la pelusa era de él
la recuerdo
mi silencio era el de Jesusa
el dolor era el mío por sentirme ultrajada
Rafael casi hace justicia
sobrevivo en un hospital
jueves 26 de mayo de 2005
10 y media de la mañana
no quiero ver
ya no puedo ver
no veré más
la pelusa en su ombligo
ni ninguna otra cosa
supongo.

Pablo Rodríguez

El espejo

El espejo

Hola. ¡Eh! Que pasa, no te asustes, soy un espejo. Tampoco te pongas loco. Veo que estás interesado en comprarme. Tengo que hablar con vos. No entendés nada, ya sé, viniste a esta casa de antigüedades a curiosear y me descubriste.
Bueno, te cuento que soy un espejo que trabajé en una tienda conocida de ropa, “La Imperial”, seguro la tenés registrada. Esa que está por calle Gûemes al 3564.
Aunque, mirá que yo tengo memoria y no recuerdo tu cara. Bueno, y vos, ¿para que querés un espejo?.
La verdad yo prefiero quedarme acá, estoy obsoleto, jubilado, cansado. Yo no se lo que la gente busca de mi. Estuve todos estos años analizando a las personas que se reflejaban en mi. Unos esperaban una respuesta a sus problemas, otros simplemente ver, y verse de otra forma, algo que yo les “regalara”, una nueva imagen. Algunos se enojaban conmigo porque no encontraban lo que esperaban, pero, que podía hacer yo. Había gente que venía y se ponía triste de lo que tenía enfrente, esperaban que yo hiciera milagros creo.
Tengo tantas anécdotas, uf, eh visto cada cosa... Bueno, mujeres, hombres, niños, flacos, gorditos, rubios, morochas, pelados, en fin, vi, de todo. Gente que se pasaba horas frente a mi, tratando de encontrar una imagen que no fuera la que estaba en este espejo, cosa que no ocurría. Parejitas que entraban al probador y se enroscaban en un abrazo, besito de acá, besito de allá...personajes que pasaban a medirse ropa y se camuflaban alguna cosita por debajo, cada ratero. Lo que nunca pude discernir, es eso que ustedes llaman belleza, lo lindo y lo feo, lo hermoso y lo horrible. Me di cuenta si, pero nunca lo entendí. ¿Quién juzga esto? Ese es una tarea que a veces me la adosaban a mi, ja, ¿y quién soy yo para decidir?.
Por eso, ahora quiero descansar, hice mi trabajo mientras me lo pidieron, alegré a algunos, entristecí a otros, otros se enojaron conmigo injustamente, en fin, eso es historia pasada. Preferiría que me dejes acá, y si estás interesado en comprar algo, te aconsejo el juego de tazas para té japonesas que están en aquel aparador, ¿lo ves?

Leo

24 julio 2005

El miedo

Tomatoso

Miedo. Siempre tuve miedo. Hoy mamá cocinó pastas. Yo estaba en la cocina. Todo parecía normal hasta el momento en que ella comenzó a preparar la salsa. Y tuve miedo. Vi los tomates, vi el tojo, vi el jugo deslizarse por las manos, vi el filo del cuchillo, vi su rostro inmutable, frío, y tuve miedo.
Hoy no almorcé, hoy le agarré asco a los tomates.


Namibia era un buen lugar para enamorarse

Estoy mirando fotos. Recuerdos que parecen borrarse de mi mente, pero inevitablemente vuelven. Tengo bronca, impotencia, que se yo. Te sigo queriendo. Me pregunto si nos llegamos a conocer. Fueron cuatro años; cuatro años, tres meses y tres días exactamente.
Nunca entendí muy bien tu obsesión por Namibia. Claro, yo pensaba en Paris, Nueva York y todo eso.
Ahora me confundo, se mezclan mis sentimientos. Tengo ese miedo, si, miedo a la soledad, miedo al fracaso, ese miedo que te da vueltas la cabeza, que te carcome el cerebro.
Creo que nunca debí decirte que no. Tal vez, Namibia era un buen lugar para entenderte. (Y para entenderme):


Carrá 2228

Me trajo María, si. Me invito, insistió. Me convenció de que yo podía estar acá, ahora, escribiendo, en una especie de juego literario. Yo, la verdad no sabía si venir. Y si, tenía miedo. Miedo a lo desconocido, al ridículo, a no encajar, a ser sapo de otro pozo. Sabía que vení a la casa del “pelado”, que seguramente iba a estar el “negro”, que efectivamente está, pero igual, tenía miedo.
Siempre me cuesta arrancar. Entrar en el grupo. Ustedes se habrán dado cuenta. ¿Vieron que cuando llegué, me senté y me puse a leer?. Bueno, si, en lo estrictamente lógico, tenía una revista en mis manos. En realidad voy a confesarme: era un arma de defensa. Sí. Una vía de escape. A ustedes les habrá pasado.
Ahora estoy más tranquilo. Igual tengo miedo, miedo de lo que estarán pensando de mi, mientras estoy en silencio, mientras escribo, mientras leo todo esto. Es un juego esto de escribir, una forma de encontrarnos, pero igual yo los miro y tengo miedo. Ustedes perdónenme.

Leo

11 julio 2005

Lunas de un sol

Lunas de un sol
Era un solcito, rubia, menudita... Siempre de espalda al suelo, pensando en las lunas llenas y vacías que por más que no veía ilumunaban su clara fosforescencia.

Juli